9.4.08

El cartero siempre llama dos veces


Tengo que reconocer que cuando me pongo cerril puedo ser muy cerril. Si he tomado una decisión, es muy difícil que cambie de opinión. Claro que hay gente que me lo pone muy difícil. Hoy me he topado con uno de esos perturbados que acaban con mi paciencia y me ha hecho hacer lo que nunca hago: abrir la puerta de la oficina después de las 19:00. A esa hora se acaba el horario laboral en mi empresa y la mayoría de mis compañeros salen corriendo como si su asiento estuviera ardiendo. Da igual lo que estuvieran haciendo que siempre tiene que esperar al día siguiente. Yo normalmente me quedo hasta que acabe lo que estoy haciendo (diez, quince minutos) y cuando tengo mucho curro, más. A veces, mucho más. Dado que siempre me quedo para acabar algo y no para mirar a las musarañas y dado que mi trabajo no es abrir la puerta, cuando suena el timbre después de la estampida de búfalos nunca abro. Siempre es un cartero despistado que no sabe que cerramos a las 19 con algo de correo certificado y me tengo que poner a firmarle y a rellenarle cien casillas con mis datos. Y si no es un cartero es alguien que necesita la atención de alguno de mis compañeros, cosa que yo no le puedo proporcionar. Normalmente llaman dos o tres veces y se acaban yendo. Pero hoy, no. Y encima cambiaron el timbre de la puerta hace unos meses y suena como el timbre de los aeropuertos: Din-Don.

Hoy a las 19:08 en mi oficina:

Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don
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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don
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35 segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr (éste es el timbre de la calle)

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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45 segundos más tarde:

Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don

Obviamente, todo tiene su límite y mi umbral del Din-Don lo había superado hacía varios Din-Dones. Me levanto, preocupada y preguntándome quién sería el perturbado capaz de ser TAN pesado, decido no abrir por si fuera un loco de la colina y detrás de la puerta, como las ancianas desconfiadas, digo:

“Hola… ¿quién es?”

“Vengo a recoger un paquete”

En este momento flipo. Viene a recoger un paquete. Si abro la puerta soy capaz de degollarlo. Contengo mi ira y respondo:

“Es que todo el mundo se va a las siete. No queda nadie.”

“Ya, pero yo vengo a recoger un paquete que me tiene que dar la Srta. Fulanita Detal.”

“Pues es que Fulanita Detal, como todo el resto, ya se ha ido.”

“Oiga que no ha sido mi culpa…”

Sigo flipando. ¿Le ha acusado yo de algo? ¿Me importa a mí lo más mínimo de quién sea la culpa?

“Pues tampoco es mía. Ya le he dicho que aquí no hay nadie.”

“Es que tengo que recoger un paquete de Fulanita Detal para Benganita Detalcual”

¿Pero este tío es imbécil? No puedo parar de hacerme esa pregunta en mi cabeza.

“Es que, como ya le he comentado, Fulanita no está.”

“Oye que a mí me haces un favor si no me lo das…”

¿?????? Pues vete, tronco. ¿Qué te retiene aquí insistiendo en tu tema mientras yo insisto en el mío?

“No te puedo dar nada. A mí Fulanita no me ha dicho nada y yo sin autorización no puedo entregar nada”.

Parece que a la quinta va la vencida. Juro que no exagero ni un pelo.

3 comments:

M* said...

Demasiada paciencia tenemos q tener muchas veces, verdad?

Di said...

No me hables de los timbres por dior. Que jasco les tengo.
En mi casa, se estropeó y mi padre tuvo la sana idea de no arreglarlo.

Y la de pesados que nos ahorramos.

Besos

Moi said...

Sí, M*, too much.

Qué buena idea la de tu padre, Di!