29.4.08

Dies Lunae Horribilis



Lo he debido decir ya mil veces. Los lunes no me gustan. Como a la inmensa mayoría de los españoles detesto dejar atrás el fin de semana. Pero hay lunes y lunes. La mayoría de los lunes pasan sin pena ni gloria por mi vida. No los disfruto pero tampoco lo paso demasiado mal. Pero, ay dios mío, ayer fue tremendus. Para empezar tenía un montón de curro y un montón de lío con un montón de números – o más bien, numerajos-. Y en medio del caos papelero me doy cuenta de que a mi tripa le pasaba algo. Sólo hay dos posibilidades. La del embarazo la primera. La medito, me atraganto, me vuelvo a atragantar y tras convencerme a mí misma de que es imposible, paso a la segunda opción: lo de que puedo comer lo que quiera y no engordar ni un gramo se acabó. Miro la tripa de reojo, para que no se den cuenta de que la estoy mirando, la analizo, me pongo recta, decrece, me relajo, crece, la pongo dura, me cago en todo, pienso en los dos donuts de chocolate que me he tomado para desayunar, en los cuatro de ayer. La verdad es que últimamente estoy comiendo mucho. Parece que mi apetito se sacia más difícilmente que antes. Será que el cuerpo se tiene que regular otra vez. Será que mi metabolismo ha cambiado. Da igual. El caso es que yo no puedo vivir con esta tripita. Tengo que hacer algo. De momento me paso el camino de vuelta a casa poniendo la tripa dura para ir ejercitando. Espero que los del coche de al lado no me lo noten en la cara. Cuando saco al perro, ando un rato de puntillas, haciendo glúteos y tripa. Me prometo a mí misma que antes de dormir me haré unos pocos abdominales. Por supuesto esa parte se me olvida. Por la mañana, cuando voy al supermercado a comprar algo para desayunar porque mi despensa no tiene nada que ofrecerme, cojo unos plátanos, miro los donuts. Los cojo o no los cojo. Los cojo. Lo pienso. Los dejo. Me voy sólo con los plátanos. Me como uno al llegar al trabajo, otro a media mañana, otro a las dos. Necesito comer. Si es que lo que no es normal es que mi hora de comida sea tan tardía. Esto de comer pasadas las tres es una tortura china. Voy a ir a hablar con Comisiones Obreras. Vaya lunes el de ayer. Pero el martes mucho peor. Porque además de seguir poniendo la tripa dura cada vez que me acuerdo, tengo que arreglar los números que ayer se nos escaparon. “¡Volved, volved, malditos!”.

3 comments:

Di said...

Uy los donuts, esos instrumentos del demonio que saben el camino directo hacia las cartucheras y la tripa.

Ánimo y a pensar en el megapuente (casi acueducto para los madrileños).

Besos

Blaudemar said...

Vaya, no soy la única.
Los donuts (y los donetes y cualquier otra porquería que lleve chocolate) son los responsables directos de mis kilos de más. Vale... y la glotonería. Que esa es mía y sólo mía. ;)

Moi said...

Di y Blaudemar, gracias por el apoyo moral. Besos!