22.4.08

Algunos recuerdos

Leyendo blogs por ahí me he acordado de una experiencia que tuve cuando tenía siete u ocho años. Volvía yo de la panadería a mi casa más contenta que unas pascuas cuando me encontré con un hombre joven de unos veinte años, alto, rubio y con ojos azules. El hombre me dijo hola y yo, que era muy educada, le respondí. El hombre entonces me pidió que le diera un beso. “¿Un beso? Pero si eso me lo piden todos los días y se me da fenomenal y mi madre siempre me felicita por lo bien que beso a familia y amistades… ¡Claro que te doy un beso” pensé. Fui a darle un beso, obviamente en la mejilla, y él movió la cara de forma que mi beso aterrizó en sus labios. Recuerdo asco y repugnancia. No sabía lo que significaba pero sabía que era asqueroso. Gracias a dios que en aquella época corría como el viento y salí zumbando de allí. Ni siquiera me di la vuelta para comprobar si me seguía o no y no paré hasta que llegué a casa. Al principio no se lo conté a mi madre. Sentía que me había tomado el pelo, que me había engañado para conseguir algo de mí que a las claras jamás habría conseguido. Me sentía estafada. Pero al final se lo conté. Recuerdo que mi madre se preocupó muchísimo, me preguntó como era el hombre, dónde le había visto exactamente y me advirtió de que nunca me acercara a ningún hombre que no conociera y que la próxima vez se lo dijera corriendo. Me sorprendió su reacción. Me pareció excesiva y me sentí importante. Claro que no entendía lo que aquél hombre pretendía con ese beso. De vez en cuando me acuerdo y me muero del asco. Recuerdo su cara perfectamente. El instante en el que me engañó se me quedó grabado. Sé en qué baldosa estaba exactamente cuando me paró ese cretino.

Y siempre que me acuerdo de esto, me acuerdo inevitablemente de otro episodio, ocurrido a menos de un kilómetro de allí, siete años después. Volvía yo con un amigo andando por una carretera a casa y como nos daba mucha pereza la media hora que nos quedaba para llegar, decidimos hacer autostop. Eran las cinco de la tarde más o menos. Nos paró un tío. Yo me iba a poner delante pero mi amigo me dijo “ponte detrás”. Yo, extrañada, obedecí. Cuando llegó el momento de que nos dejara, mi amigo le pidió que parara. Pero él no quería parar. Dijo que tenía que hacer una llamada, que mejor íbamos primero a buscar una cabina, que luego nos llevaba de vuelta. Yo estaba todavía procesando cómo salir del embrollo cuando mi amigo cogió el freno de mano, lo echó para arriba, salió del coche, me abrió la puerta y me dijo “¡¡¡CORRE!!!”. Obedecí. De nuevo corrí como el viento, los dos juntos, el imbécil del coche persiguiéndonos y gritándonos.

No puedo sino pensar en las siguientes que a lo mejor se toparon con estos cretinos. Sé que yo tuve mucha suerte. Espero que las demás también la tuvieran.

4 comments:

PUTXE said...

COMO CORRE ESTA NIÑA!!!!! ASI TIENES ESE TIPAZO!!!!!! GUAPETONA!!!!!! UN BESO

PUTXE said...

COMO CORRE ESTA NIÑA!!!!!! ASI TIENES ESE TIPAZO!!!!!!!! GUAPETONA!!!!!!! UN BESO

Di said...

Qué miedo más grande... hay demasiados lobos feroces acechando a las pobres caperucitas.

Moi said...

jajja, putxhe! eres más monoooooo!!! y atractivo también, súperatractivo!

di, sí, hay que tener un cuidado...